Carta jamás enviada.

Hola...
¿Sabes? un día desperté pensativa, 
queriendo ser un ave,
 soñé que volaba,
volaba tan alto... 
Tanto que podía tocar las nubes,
olerlas y saborearlas;
¡LO MEJOR! Eran dulces,
dulces como el olor de una rosa,
dulces como el calor de hogar,
dulces como Tu y Yo,
Y me dije: No quiero dejar de soñar.
Pero el tiempo pasa, 
y al pasar se va llevando el dulce,
se va el calor, las rosas y te vas Tu.

En estos momentos quisiera gritar te que
los días aquellos en que me juraste que 
eras para mí, mas que un amigo,
mi confidente, "mi guía";
desaparecen de mi memoria
pero quedan en el corazón
y desgraciadamente dejan
una huella imborrable.

Quisiera no verte mas,
quisiera odiarte,
pero no puedo, 
quisiera dejarte pero...
No lo entiendes ¿Verdad?
¿No entiendes, mi eterno desvelo,
que las noches sin tu no son noches?
¿Qué los días, horas, minutos y segundos
no son si tu no estás?

¡Cómo quisiera que me quisieras!

¡Qué no daría por verte a mi lado!

Pero cuentan que eres feliz,
que perteneces a otra,
que tus lágrimas,
tus besos,
los latidos de tu corazón
son de ella
-Aquella que no quiere que me quieras-

¿Y si supieras que todo 
lo que ha dicho y hecho
no es la realidad?
-Tu realidad-

¿Y si supieras que 
lo mejor de todo es que 
desde este aquí y este ahora,
trataré de olvidarte, 
aunque muera en el intento.


Laura Victoria Velez I.
Diciembre 2006.

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