J.
Todos los cuentos cortos comienzan con, “Había una vez…” o “Érase una vez...” ya que quieren que nos transportemos a otro universo, donde el espacio y el tiempo parecen transformarse en meras concepciones mortales de una inexistencia.
Pues bien, en este momento los invito a no tomar dicho camino ya que en nuestro “Había una vez.” no sólo Había una vez, sino que aún hay y muchas veces por contar…
Tierra de nadie, población: 40 in-habitantes.
Hora: 4 pm.
El vuelve a mirar su reloj, viendo como el tiempo no corre. Vuelve a retomar la canción que suena en sus auriculares y suspira, mientras sigue pensando en que si estuviera tras bambalinas, todo tendría un desenlace muy diferente. Si estuviera tras bambalinas, tal vez quien no tiene el valor de ser o hacer feliz, por lo menos, tomaría una decisión.
Es por eso que la forma más sencilla de demostrar qué tan importante es para él, es la de cambiar sus expresiones, como el cambio de escena en las obras a las que tanto ama asistir, sabiendo que ninguna será igual, aún siendo la misma escena, de la misma obra; el intento en él de replicar esa emoción es lo que hace que demuestre que importa.
Mientras mira la pantalla del ordenador, ve su reflejo y se pregunta, a dónde fue aquel con ojos pícaros que algún momento correspondía esos encuentros?
Una vez terminada su labor, comienza lo que para él, será su mayor aventura, redescubrirse en medio de sus peros, sus miedos, sus desaciertos, tristezas; Todo para ver lo que muchos en la tierra de nadie ven.
Mientras el sólo ve un reflejo, otros ven dedicación, entrega, un ser de carácter firme, corazón enorme y sonrisa vibrante. Alguien que sin importar sus desaciertos, brilla intensamente, con más coraje y valentía que el promedio de la población en la tierra de nadie.
Allí, en esa tierra de nadie, donde de nada sirve el esfuerzo, él se esfuerza; muestra su mejor cara.
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